WhatsApp, Facebook Messenger e Instagram unidos

Si ya da cosita usar alguna de estas tres aplicaciones por el hecho de ser de Facebook y saber que Facebook comercia con nuestros datos sin pudor alguno, esta idea de Mark Zuckerberg de unir WhatsApp, Facebook Messenger e Instagram debe servir para que población y gobiernos reflexionen.

Facebook no utiliza nuestras conversaciones privadas y chorradas compartidas para vendernos al mejor postor —a casi ninguna empresa le interesa lo que cuentes en privado—. Lo que vale oro es identificar cómo, cuándo y con quién estás compartiendo secretos o chorradas, el llamado metadata.

Si ya tenemos sensación de que nos espían, imagínate lo que pasaría si Zuckerberg consigue sacar adelante su plan y ¿2.000 millones de personas? se relacionan digitalmente a diario a través de su plataforma de mensajería única. El horror.

Las alternativas para comunicarnos están ahí, pero hay que querer usarlas.

Descanso y desconexión frente al pseudodescanso y la ‘infoxicación’

Mi amigo Berto Pena, que de escribir y dar buenos consejos sabe un rato, ha compartido un post en el que vuelve a alertarnos de la penosa situación en la que nos hemos metido: la conexión permanente, las notificaciones constantes, las interrupciones como forma de vida, el chequeo de “algo nuevo” a cada segundo que nuestra mente necesita dopamina.

“El pseudodescanso que prácticamos con tanto móvil e infoxicación” es el título de un post con frases reveladoras en el que destaca esta:

“Porque ya hasta las cosas más íntimas de nuestra vida personal y familiar se están deteriorando”.

Lee el post tranquilamente —te llevará tres minutos— y contesta a las preguntas que hace. Necesitamos desconectar del trabajo, Facebook, Twitter, Instagram y los grupos de WhatsApp para estar más presentes ante los que nos rodean y nosotros mismos, para descansar y regenerarnos de verdad.

Los grupos de WhatsApp: evita la tortura

Ya han pasado casi dos años de un post que publiqué en el que explicaba mi decisión de desactivar las notificaciones del correo así como las de todos los grupos de WhatsApp. Así lo conté por aquel entonces:

Lo que he hecho con estos grupos es silenciarlos y entrar a revisarlos dos o tres veces al día en momentos muertos. Si es vital contestar a algo, que va a ser que no, ya me llamarán.

Hace poco que Berto Pena en su blog Thinkwasabi ha escrito sus “reglas de oro” para utilizar WhatsApp sin volverse loco y uno de los puntos que trata es precisamente el de los grupos:

Para empezar a los grupos les quito la notificación, sólo lo tengo para los mensajes. Porque conozco personas con más de 15 grupos que cada tres minutos reciben una notificación. Y el volumen de “dings” es salvaje (el caso es que no les pagan por eso y además tienen otra vida, trabajo, Correo…) Por otro lado, como hago con mis otras distracciones, las elimino cuando necesito cierta concentración, o me interesa disfrutar de un momento mío o junto a otros: una película, un café, un libro…

Berto va más allá diciendo que procura salirse de los grupos en los que le meten salvo casos contados. Actualmente estoy en 14 grupos de familia y amigos —siete en Whatsapp y siete en Telegram— y no me quiero salir de ninguno, pero por supuesto los tengo silenciados de forma permanente todos y sigo actuando igual: entro dos o tres veces al día a ver si hay mensajes nuevos, pero no estoy entrando de forma permanente y contestando al minuto salvo que esté en un tiempo muerto sin nada que hacer. Se te puede ir media vida en este tipo de grupos con cientos de mensajes diarios si no lo controlas de alguna forma.

WhatsApp aumenta seguridad, pero sigue habiendo rastro

Han tardado, pero los responsables de WhatsApp han conseguido que desde ayer utilizar su aplicación para mensajería y llamadas sea una actividad mucho más segura.

“Las llamadas y mensajes enviados a este chat ahora están seguros con cifrado de extremo a extremo.”

El uso que cada uno le de a WhatsApp evidentemente es personal, pero si alguien piensa que porque ahora WhatsApp esté cifrado ya puede poner lo que quiera en un mensaje y que eso no lo vaya a leer nadie nunca salvo su receptor, está equivocado.

Como dicen en el blog de WhatsApp, “ni los delincuentes informáticos, ni los piratas informáticos. Ni los regímenes opresivos. Ni siquiera nosotros”, el mensaje, foto o archivo va de un terminal a otro totalmente cifrado, pero es precisamente ahí donde está una de las claves, en el terminal. En los teléfonos donde se haya escrito y se haya recibido el mensaje, sigue el rastro del mensaje porque no se destruye. Incluso se podrían recuperar esos mensajes mediante ciertas técnicas si se realiza un formateo normal del teléfono o acceder a ellos mediante técnicas de infección con troyanos.

Es por ello por lo que los mensajes con autodestrucción de Telegram siguen siendo los más seguros a la hora de dejar el menor rastro posible en una comunicación mediante una aplicación de mensajería ‘popular’.

Por qué odio WhatsApp y me gusta Telegram

¿La respuesta corta? Usar WhatsApp en lugar de Telegram es comparable a seguir utilizando ‘pen drives’ USB para compartir documentos en lugar de aprovechar opciones como Drive, Dropbox o incluso el correo electrónico. Tiene su utilidad, pero que sea algo que se haya convertido en un sistema de comunicación ‘de facto’ en España me supera.

¿La respuesta larga? La explico punto por punto a continuación: Sigue leyendo “Por qué odio WhatsApp y me gusta Telegram”