Todoist: cuando los proyectos no tienen fin

Hace no mucho tiempo, gracias al podcast Proyecta de Emilcar.fm, aprendí y fui consciente que los proyectos deben tener un principio y final. Aquello fue un poco revelador porque yo estoy acostumbrado a trabajar en proyectos infinitos, tareas repetitivas que se repiten una y otra vez con frecuencia semanal, mensual y anual, pero lo de que un proyecto tenga que tener un principio y final me sirvió para replantear ciertos planteamientos laborales.

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Descanso y desconexión frente al pseudodescanso y la ‘infoxicación’

Mi amigo Berto Pena, que de escribir y dar buenos consejos sabe un rato, ha compartido un post en el que vuelve a alertarnos de la penosa situación en la que nos hemos metido: la conexión permanente, las notificaciones constantes, las interrupciones como forma de vida, el chequeo de “algo nuevo” a cada segundo que nuestra mente necesita dopamina.

“El pseudodescanso que prácticamos con tanto móvil e infoxicación” es el título de un post con frases reveladoras en el que destaca esta:

“Porque ya hasta las cosas más íntimas de nuestra vida personal y familiar se están deteriorando”.

Lee el post tranquilamente —te llevará tres minutos— y contesta a las preguntas que hace. Necesitamos desconectar del trabajo, Facebook, Twitter, Instagram y los grupos de WhatsApp para estar más presentes ante los que nos rodean y nosotros mismos, para descansar y regenerarnos de verdad.

Sentimientos encontrados con el cambio de modelo de Ulysses

Ayer antes de dormir hice el repaso habitual a mi timeline de Twitter y vi que The Soulmen, la empresa detrás de Ulysses, había decidido modificar su modelo de negocio y se cambiaba en ese mismo momento de pago por licencia a suscripción.

La noticia me pilló desprevenido y al ser un tema que me interesa por las diversas implicaciones que esto tiene para mí, me puse a leer su post de anuncio, el mucho más completo post de su fundador explicando las motivaciones y las decenas de respuestas de los usuarios en Twiter, unas con apoyos inmediatos, otras muchas con graves descalificaciones y otras acusándoles de mentirosos porque hace algo más de un año dijeron que no se pasarían al modelo de suscripción.

Aunque al principio este anuncio no me gustó porque efectivamente y como temíamos el tema de las suscripciones se está yendo de las manos y todo tiene un límite, tras leer el post completo del fundador entiendo su decisión. Su lucha permanente era conseguir usuarios nuevos para poder seguir vendiendo licencias, centrándose sobre todo en añadir funcionalidades mientras se dejaba de lado la posibilidad de mejorar las existentes ya que ‘seguir igual’ no vende.

Entiendo que haya gente que deteste las suscripciones y otros que no utilicen tanto Ulysses como para plantearse pagar de forma recurrente por la aplicación, pero en mi caso no albergo muchas dudas. Utilizo Ulysses a diario desde marzo de 2016 cuando invertí 70€ en comprarla (45€ la versión para macOS, 25€ la de iOS) y es parte fundamental en mi flujo de trabajo. Podría trabajar con otras opciones, pero desde luego no lo haría tan rápido y tan cómodo como lo hago con Ulysses y no por estar acostumbrado a ella, sino porque no existe una aplicación de notas y escritura con opciones de publicación que permita hacer lo que yo hago de forma más organizada, rápida y sencilla.

El tiempo es dinero y Ulysses me ahorra tiempo. Se suele trabajar por dinero y con Ulysses puedo trabajar mejor. Considero que comprometerme a pagar 2,5€ al mes por usar su aplicación —los antiguos compradores tenemos un precio especial de por vida con un descuento del 50 por ciento sobre los 5€ que cuesta al mes la suscripción si se opta por pago mensual— es una oferta que no puedo rechazar.

Otra cosa es el nefasto trabajo que desde The Soulmen han hecho a la hora de comunicar públicamente el cambio, de implementar los descuentos a antiguos compradores y de establecer los periodos gratuitos de uso a los mismos. Esta parte ha sido y está siendo un completo caos porque hay gente que ha perdido sus periodos gratuitos por suscribirse rápido y otros, como yo, que deberían tener mucho más tiempo de periodo gratuito ateniéndonos al precio de suscripción que han puesto y al tiempo que ha pasado desde que compramos la licencia. La moraleja que saco de esto último es que de todo se aprende, incluyendo errores propios y ajenos.

Convirtiendo un iPad en una pantalla cómoda

En plena era del iPad Pro, máquina con la que se pueden llevar a cabo jornadas completas de trabajo, encontrar una postura cómoda para utilizarlo es casi una obligación si no queremos crearnos más problemas de espalda y cuello de los debidos.

La naturaleza del iPad al usarlo como portátil simplemente añadiendo un teclado y colocándolo encima de una mesa obliga a mirar hacia abajo, más aún que con un portátil, lo cual llevará más pronto que tarde a sufrir problemas físicos por estar muchas horas en una postura poco adecuada.

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