La Air Max 95 cumple 20 años

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El 10 de agosto Nike celebrará el veinte aniversario de la Air Max 95, una de las zapatillas que marcó mi juventud con aquel llamativo toque de color amarillo neón.

No pude comprármelas en aquel momento ya que en 1995 las zapatillas me las compraba con lo que me sobraba de la paga de mis padres, pero sí recuerdo perfectamente que los dos amigos del grupo que las tenían eran envidiados a más no poder.

Las Air Max 95 molaban tanto que mis dos amigos recibían numerosas solicitudes para prestar las zapatillas durante alguna noche especial. Así eran los adolescentes de España en aquella época.

Con motivo de la onomástica del modelo, Sergio Lozano, su diseñador, ha hablado de cómo fue el proceso de creación. Lo que más me ha llamado la atención de lo que cuenta Lozano es que el hecho de que le encargaran realizar una zapatilla de running en una época en la que el baloncesto era el rey le facilitó tomar riesgos a la hora del diseño. Pero la visualización de una zapatilla con un Swoosh mínimo, cámaras de aire visibles en la parte delantera y una combinación de colores en la que predominaban los diferentes tonos de grises encontró numerosos detractores dentro de la propia Nike.

Nike Air Max 95 suela makoworks

“En Oregón las personas corren por senderos en días lluviosos, y cuando no han corrido ni diez kilómetros las zapatillas ya parecen gastadas. Mi idea era disimular un poco este hecho. Me dijeron que el gris no vendía, y me lo tomé como un desafío”. En la base de la zapatilla, donde normalmente se acumula más suciedad, se utilizaron los colores negro y gris oscuro, y a partir de ahí los tonos iban siendo cada vez más claros hasta llegar a la parte superior.

Lo demás es historia. La Air Max 95 llegó al mercado y cautivó a una generación de jóvenes que hoy nos seguimos acordando de ella.

Real Madrid, me dueles

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El fútbol me ha regalado algunas de las mayores alegrías de mi vida, pero también grandes pesares, como el que vivo desde anoche. El fútbol tiene estas cosas.

Lloré en 1992, lloré en 1998 y lloré en 2014. Por alegría o por tristeza, pero si llevas un equipo dentro es difícil que este deporte no te provoque sentimientos extremos.

Ayer no solté una lágrima. Simplemente me quedé petrificado. Reconozco que fallé a los jugadores, como fallamos la mayoría de los estuvimos en el Bernabéu. No sé lo que se vio en televisión, pero lo que ocurrió anoche en el estadio es que a partir de las 22:00, el público, caliente como pocas veces antes del inicio del partido, se quedó helado, patidifuso, fuera de juego. Alguna voz aislada trataba de animar, pero la mayoría no podíamos, era imposible, sabíamos que el equipo no estaba para marcar los dos tantos que hacían falta. Intuíamos que el gol de Morata era una losa demasiado pesada, que ese 1-1 nos ponía de nuevo en la misma situación que habíamos vivido anteriormente: el precipicio de quedar eliminados a la puerta de la final de la Copa de Europa.

Nos daba miedo que volviese a pasar lo mismo. Y pasó.

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Reconozco que esta eliminación duele más por el rival que esperaba en el siguiente partido. No siento envidia del Barcelona porque sé que el Madrid jugará más finales en el futuro; tampoco me consuela pensar que una derrota en Berlín podría haber sido más dolorosa.

Lo que ocurre es que pasan los años y las ocasiones y no sé es si tendré oportunidad de vivir una final de Champions League entre el Real Madrid y el Barcelona, el partido soñado y casi definitivo que después de tantas décadas lo teníamos a 33 minutos de distancia. Yo quería jugar y ganar ese partido.

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El fútbol no es solo lo que ocurre en un partido, sino lo que se vive entre dos de ellos. La emoción y los nervios que nos esperaban durante 23 largos días de aquí al 6 de junio son aquellas cosas que ayudan a llevar el día a día con otro aliciente.

Hoy cumple tres años mi hijo y la felicidad que siento por ello es inmensa. Pero ni siquiera eso puede hacer olvidar lo de ayer. Sé que dentro de muchos años, si Mateo es seguidor de corazón de un equipo de fútbol, leerá este texto, lo comprenderá y lo hará suyo.

Real Madrid, me dueles. Real Madrid, hasta el final.

La nueva Apple

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La Apple de 2015 es una Apple que me gusta mucho menos que la de hace años. Lejos de taparme los ojos y pensar que Apple es una ONG que deba hacerme feliz, sé que Apple está para ganar dinero, el máximo posible.

Pero hay formas y formas de hacer las cosas. La Apple de 2015 es una Apple colega, moderna, cool, afeminada en exceso y entregada a la misión de crear una imagen de perfección y fashionismo que en algunos casos resulta ridícula. Leer más